Otro atardecer sobre Barcelona con el sol a las espaldas. El silencio es como entrar en un laberinto sin más hilo que ese mismo silencio dejado como rastro. El cielo se colorea ahora de misterios cobrizos. Al laberinto le crecen las paredes y no existe otra salida que seguir andando, procurando contemplar el poco cielo que queda. Las nubes dibujan un cielo violeta, las aves son brochazos desesperados de turquesa. El cielo empieza a oscurecerse, como un adiós anunciado y que hecho eco se repite en cada esquina de este laberinto. Basta sonreír para pensar que todo está bien si seguimos bailando durante la noche. Pero la oscuridad nos va atrapando como una arena movediza. Octubre le vuelve a arrancar las hojas a los árboles. El atardecer en Barcelona es ahora un profundo silencio, una fría noche de otoño.


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